Aunque resulte difícil lograrlo, entendemos que nuestra obligación inclaudicable como dirigentes es empecinarnos en la defensa de los principios que impulsaron el nacimiento de nuestra Cámara. Ello implica involucrarnos y responder con responsabilidad a todos aquellos aspectos concernientes al sector de la motocicleta, sin resignar lineamientos éticos y gremiales superadores en el manejo de los intereses de la institución, establecidos en las bases fundacionales e insertos por un puñado de empresarios que, despojados de posiciones mezquinas, supieron anteponer el interés del conjunto por sobre cualquier particular. Como nunca se había logrado en intentos anteriores, esta Cámara supo guardar siempre el equilibrio y la prudencia, incluso en los momentos más difíciles de nuestra joven vida institucional cuando, por diferencias insalvables, debimos lamentar la pérdida de calificados y respetables socios. Hoy, los intereses comerciales en pugna son mucho más importantes que los de entonces. Sin embargo no hemos perdido el rumbo, hemos practicado y gracias a ello nos hemos fortificado como dirigentes, lo que no quiere decir que no debamos seguir velando por los principios rectores a los que hacemos referencia: alentar el espíritu emprendedor de nuestro empresariado, sobre la base de la igualdad de oportunidades para todos, propiciar reglas claras y transparentes por parte de los entes de aplicación, denunciar acciones reñidas con las leyes y promover las buenas prácticas empresariales, buscando por todos los medios abolir privilegios que beneficien a sectores y/o particulares en desmedro del conjunto. En resumen, bregar por un mercado transparente, competitivo y en igualdad de condiciones, en el cual el usuario de motocicletas sea el único y gran beneficiario. José
Franco |